Bienvenidos, judokas. Soy Álex, y hoy quiero hablaros de un tema que todos conocemos muy bien: la derrota. Ese momento en el que caemos… y en el que, aunque duela, siempre aprendemos algo valioso.

En el judo —igual que en la vida— caerse no es un fracaso. Para mí, caerse es entrenar para levantarse otra vez. Es parte de nuestro camino. No importa si entrenáis solo por pasión, si competís, si os examináis para un nuevo cinturón o si simplemente disfrutáis de un buen randori: la derrota forma parte del viaje de cualquier judoka.

Al principio, cuando perdemos, es normal sentir frustración, rabia o incluso impotencia. Pero con el tiempo uno se da cuenta de que la caída no es el final. Al contrario: es una señal para analizar, mejorar y avanzar. Hoy quiero compartir con vosotros tres aprendizajes que he sacado de mis propias derrotas, por si también os sirven en vuestro camino.

1. Aceptar la derrota como parte del camino

En el judo no hay progreso sin caídas. Así de simple.

Cada derrota trae consigo una enseñanza distinta: humildad, autocontrol, observación, paciencia… El tatami es como un espejo: nos muestra quiénes somos cuando ganamos, pero también cuando perdemos.

A todos nos ha pasado: acabamos un randori en el que no nos ha salido nada como queríamos, nos sentamos a descansar y pensamos “¿qué ha ido mal?”. Y ahí es donde está el oro.

A veces no llevamos bien el agarre, otras veces no hemos respirado bien, no hemos visualizado, o hemos perdido el foco. La caída está ahí para mostrarnos el detalle que nos falta pulir.

Si aprendemos a aceptar la caída como parte del aprendizaje, dejamos de temerla y empezamos a usarla a nuestro favor.

2. Aprender del error sin castigarnos

En el dojo repetimos una y otra vez hasta hacerlo bien. Esa es la esencia del entrenamiento. Pero fuera de ahí… a veces aparece algo peligroso: el autocastigo.

Esa voz que dice “no sirvo”, “no me sale”, “esto no es para mí”.

A mí me ha pasado, y probablemente a muchos de vosotros también. Vas a una competición con expectativas, no consigues el resultado que imaginabas, y lo primero que hace tu mente es atacarte.

Con los años he aprendido algo muy valioso: la derrota no es un motivo para castigarse, sino una oportunidad para entender.

Cuando dejamos de juzgarnos y empezamos a analizar, todo cambia. La derrota deja de ser una vergüenza y se convierte en un método. Un proceso.

Preguntas como:

  • ¿Qué puedo mejorar?
  • ¿Dónde estoy fallando?
  • ¿Qué pequeño detalle puedo ajustar?

Eso es judo. Eso es crecimiento.

3. La mentalidad fuerte del judoka

Puede que este sea el aprendizaje más importante de todos.

La fuerza mental del judoka se demuestra justo ahí: en la caída. Cuando saludamos, aceptamos, analizamos y seguimos adelante. Cuando no buscamos excusas, sino soluciones. Cuando entendemos que entrenar la mente es tan importante como entrenar la técnica.

Cada vez que caemos tenemos dos opciones: quedarnos en el suelo o levantarnos mejores.

Y si algo nos enseña el judo una y otra vez es que siempre vale más la pena levantarse.

Reflexión final

Las derrotas no son un obstáculo. Son parte del camino. Son una señal. Son una herramienta.

Si aprendemos a aceptarlas, a observarlas sin castigarnos y a fortalecer nuestra mentalidad, cada caída nos acerca un poco más al judoka —y a la persona— que queremos ser.

Gracias por leer y por acompañarme un episodio más en este viaje.
Nos vemos en el tatami… y nos seguimos leyendo aquí.

Deja un comentario

reflexionesdeunjudoka.com
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.

Puedes revisar nuestra política de privacidad y cookies.