Si llevas tiempo practicando judo, probablemente te hayas hecho esta pregunta alguna vez.
¿Cómo es posible que el Brazilian Jiu-Jitsu parezca estar en todas partes mientras que el judo, siendo un deporte olímpico con más de un siglo de historia, tenga mucha menos presencia?
Basta con abrir YouTube, Instagram o Spotify para comprobarlo. El BJJ cuenta con miles de creadores de contenido, podcasts, canales especializados, documentales, academias muy activas en redes sociales y una enorme capacidad para atraer a personas que nunca han practicado un arte marcial.
Mientras tanto, el judo parece avanzar de una forma mucho más discreta.
Y lo curioso es que no creo que esto tenga que ver con cuál de las dos disciplinas es mejor. Son artes marciales diferentes, con objetivos y culturas distintas.
La pregunta realmente interesante es otra:
¿Qué ha hecho bien el BJJ para ganar tanta visibilidad?
Y, sobre todo:
¿Qué podría aprender el judo sin renunciar a aquello que lo hace especial?
La profesionalización de las academias
Uno de los aspectos que más me llama la atención cuando observo el crecimiento del BJJ es la manera en que muchas academias han entendido la importancia de gestionar su actividad como un proyecto sostenible.
Y quiero dejar algo claro: cuando hablo de negocio no hablo de perder valores.
Hablo de crear estructuras capaces de mantenerse en el tiempo.
Muchas academias de BJJ han trabajado aspectos que históricamente no siempre han sido prioritarios en el judo:
- experiencia del alumno,
- comunicación,
- imagen de marca,
- presencia digital,
- procesos de bienvenida,
- seguimiento de la progresión.
Todo ello contribuye a que una persona que entra por primera vez se sienta acompañada desde el primer día.
En ocasiones, algunos dojos de judo siguen funcionando con una mentalidad muy centrada en el entrenamiento y poco enfocada en la experiencia global del alumno.
Y quizá ahí exista una oportunidad de mejora.
Porque una cosa no excluye a la otra.
Se puede mantener la filosofía del judo y, al mismo tiempo, construir proyectos más sólidos y sostenibles.
El BJJ ha sabido atraer a los adultos
Hay algo que resulta completamente normal en el mundo del BJJ.
Ver a alguien de 35, 40 o 50 años empezar desde cero.
Nadie se sorprende.
Forma parte de la cultura de este deporte.
Sin embargo, en el judo sigue existiendo una percepción bastante extendida de que es una actividad para niños o para personas que empezaron cuando eran pequeñas.
Y es una pena, porque simplemente no es verdad.
Cada vez conozco más adultos que descubren el judo por primera vez y encuentran en él un desafío físico y mental apasionante.
Pero entiendo por qué existe esa barrera.
Aprender a caer intimida.
Antes de proyectar a alguien, primero hay que aprender a ser proyectado.
Y eso puede generar cierta inseguridad en quien nunca ha practicado un deporte de contacto.
En el BJJ, gran parte del trabajo inicial se desarrolla en el suelo. Eso reduce parte de ese miedo inicial y facilita que muchas personas se animen a probar.
Quizá el judo debería comunicar mejor que ese aprendizaje también puede hacerse de forma progresiva y segura.
Porque nunca es demasiado tarde para empezar.
La batalla digital la está ganando el BJJ
No hace falta buscar demasiado para darse cuenta.
El ecosistema digital del BJJ es enorme.
Hay canales de YouTube.
Podcasts.
Newsletters.
Cursos online.
Documentales.
Vlogs.
Contenido educativo.
Contenido de entretenimiento.
Historias personales.
Análisis de competiciones.
Y una enorme cantidad de creadores que publican de forma constante.
El judo también genera contenido, por supuesto.
Pero muchas veces está orientado principalmente a personas que ya practican.
Técnicas.
Competiciones.
Seminarios.
Análisis muy específicos.
Todo eso es valioso.
El problema es que no siempre resulta atractivo para alguien que todavía está descubriendo este mundo.
Si queremos que más personas se acerquen al judo, quizá necesitamos generar más contenido pensado para quienes están fuera del tatami.
Contenido que explique.
Que inspire.
Que acompañe.
Que despierte curiosidad.
Las personas conectan con historias, no solo con técnicas
Este es probablemente el aprendizaje que más interesante me parece.
El BJJ ha entendido muy bien algo que funciona en prácticamente cualquier ámbito:
a las personas les gustan las historias.
Por eso tienen tanto éxito los canales donde alguien documenta su progreso desde cinturón blanco.
Los vídeos que muestran el día a día de una academia.
Los podcasts donde los practicantes cuentan sus experiencias.
Los vlogs de competición.
Las conversaciones sobre lesiones, dudas, miedos o motivaciones.
En el fondo, la gente no solo quiere aprender una técnica.
Quiere sentirse identificada.
Quiere seguir un proceso.
Quiere acompañar a otras personas en su evolución.
En judo existe muchísimo conocimiento técnico de gran valor.
Pero quizá faltan más espacios donde compartir experiencias personales.
Más historias.
Más procesos.
Más humanidad.
Y precisamente por eso proyectos como podcasts, blogs o canales personales pueden aportar tanto a la comunidad.
No se trata de elegir entre judo y BJJ
Cada vez que aparece este debate, parece que estemos obligados a escoger un bando.
Como si el crecimiento de uno implicara necesariamente el declive del otro.
Yo no lo veo así.
El judo tiene una riqueza enorme.
Tiene historia.
Tiene una filosofía profunda.
Tiene un sistema educativo extraordinario.
Y tiene una capacidad única para formar personas dentro y fuera del tatami.
Nada de eso necesita cambiar.
Pero eso no significa que no podamos aprender de quienes están haciendo algunas cosas especialmente bien.
El BJJ ha demostrado que es posible atraer adultos.
Ha demostrado que la comunicación importa.
Ha demostrado que las historias personales generan comunidad.
Y ha demostrado que la profesionalización no tiene por qué estar reñida con los valores.
Quizá el futuro del judo no pasa por convertirse en otra cosa.
Quizá pasa simplemente por aprender a contar mejor quiénes somos.
Porque cuando alguien descubre el judo de verdad, suele encontrar mucho más que un deporte.
Y eso merece ser compartido.