Si nunca has practicado judo, es muy probable que tengas una imagen incompleta de lo que realmente ocurre dentro de un dojo.
No es extraño. Durante años, gran parte de lo que muchas personas han conocido sobre las artes marciales ha llegado a través de películas, vídeos virales o comentarios de terceros. El problema es que esas imágenes suelen mostrar únicamente una pequeña parte de la realidad.
Recuerdo que cuando era niño también tenía algunas ideas equivocadas sobre lo que significaba practicar judo. Con el tiempo descubrí que muchas de ellas estaban bastante alejadas de lo que realmente sucede sobre el tatami.
Y lo curioso es que siguen apareciendo una y otra vez cuando hablo con personas que nunca han practicado este deporte.
Por eso hoy quiero repasar cinco de los mitos más habituales sobre el judo y explicar qué hay realmente detrás de ellos.
Porque detrás de cada mito suele esconderse una oportunidad para comprender mejor qué es el judo y por qué sigue siendo una disciplina tan especial más de cien años después de su creación.
1. «El judo consiste únicamente en tirar gente por los aires»
Este es probablemente el mito más extendido de todos.
Es comprensible. Cuando vemos una competición o un vídeo destacado en redes sociales, normalmente aparecen las proyecciones más espectaculares. Son las acciones que llaman la atención y las que generan más impacto visual.
Sin embargo, reducir el judo a lanzar personas al suelo sería como decir que el ajedrez consiste únicamente en mover piezas.
La proyección es solo el resultado visible de muchas cosas que ocurren antes.
Hay trabajo de agarres.
Hay desplazamientos.
Hay equilibrio.
Hay estrategia.
Hay gestión de la distancia.
Hay lectura del movimiento del rival.
Y hay cientos de horas de práctica para conseguir que una técnica funcione en el momento adecuado.
Además, el judo incluye mucho más que las técnicas. También existe una forma concreta de relacionarse con los compañeros, de aprender, de enseñar y de comportarse dentro y fuera del dojo.
Cuando llevas tiempo practicándolo, entiendes que el judo es mucho más que un conjunto de movimientos. Es una forma de aprendizaje continuo.
2. «El judo es un deporte violento»
Muchas personas asocian automáticamente las artes marciales con la agresividad.
Sin embargo, la realidad del judo es muy diferente.
De hecho, una de las primeras cosas que aprende cualquier principiante es a caer correctamente.
Puede parecer un detalle menor, pero no lo es.
Gran parte de la seguridad del judo se basa precisamente en enseñar cómo recibir las técnicas sin sufrir daño.
Todo el entrenamiento está construido alrededor de principios de control, respeto y progresión.
Se saluda al entrar al tatami.
Se saluda antes y después de entrenar con un compañero.
Se aprende a controlar la fuerza.
Se aprende a proteger al otro.
El objetivo nunca es hacer daño.
El objetivo es desarrollar una técnica que permita proyectar o controlar al oponente de forma eficaz y segura.
Por supuesto, como ocurre en cualquier actividad física, existe riesgo de lesión. Pero el judo moderno está enormemente regulado y cuenta con normas muy estrictas para proteger a los practicantes.
3. «El judo es solo para niños o para jóvenes»
Durante años se ha hecho un trabajo fantástico para acercar el judo a los más pequeños. Eso ha permitido que miles de niños descubran este deporte.
Sin embargo, también ha generado una percepción equivocada: la idea de que existe una edad adecuada para empezar y que, una vez pasada, ya es demasiado tarde.
Nada más lejos de la realidad.
Cada vez conozco a más personas que comienzan a practicar judo siendo adultas.
Algunas llegan con treinta años.
Otras con cuarenta.
Otras incluso más tarde.
Y todas encuentran un espacio donde aprender y progresar.
Es cierto que un adulto no entrenará exactamente igual que un adolescente que quiere competir al máximo nivel. Pero tampoco tiene por qué hacerlo.
El judo puede adaptarse a diferentes objetivos, edades y condiciones físicas.
En este sentido, creo que otras disciplinas como el Brazilian Jiu-Jitsu o incluso el CrossFit han sabido transmitir muy bien la idea de que nunca es tarde para empezar.
El judo tiene exactamente el mismo potencial.
Quizá simplemente necesitamos contarlo más.
4. «Para hacer judo hay que ser muy fuerte»
Otro clásico.
Muchas personas imaginan que para proyectar a alguien es necesario tener más fuerza que él.
Sin embargo, uno de los principios fundamentales del judo dice precisamente lo contrario.
Jigoro Kano desarrolló este arte marcial alrededor de una idea muy sencilla: obtener la máxima eficacia utilizando la mínima energía necesaria.
Eso no significa que la fuerza no importe.
Claro que importa.
La preparación física ayuda.
La potencia ayuda.
La resistencia ayuda.
Pero ninguna de ellas sustituye a la técnica.
Cualquier judoka que lleve algunos años entrenando ha visto innumerables veces cómo una persona más pequeña proyecta con éxito a otra más grande.
No porque sea más fuerte.
Sino porque utiliza mejor el equilibrio, el momento adecuado y la mecánica del movimiento.
La fuerza es una herramienta útil.
La técnica es lo que permite aprovecharla correctamente.
5. «El cinturón negro ya lo sabe todo»
Este mito tiene algo de paradójico.
Desde fuera, muchas personas ven el cinturón negro como la meta final.
Como si al conseguirlo se completara el aprendizaje.
La realidad es bastante diferente.
De hecho, muchos profesores suelen decir que el cinturón negro marca el comienzo del verdadero estudio del judo.
Y cuanto más tiempo llevo practicando, más sentido encuentro a esa idea.
Conseguir el cinturón negro significa que has construido una base sólida. Que comprendes los fundamentos. Que has recorrido una parte importante del camino.
Pero todavía queda muchísimo por aprender.
Técnicas.
Conceptos.
Experiencias.
Formas de enseñar.
Formas de entender el judo.
Los mejores cinturones negros que he conocido suelen tener algo en común: mantienen la curiosidad intacta.
Siguen haciendo preguntas.
Siguen aprendiendo.
Siguen observando.
Y siguen descubriendo cosas nuevas incluso después de décadas de práctica.
Entender el judo más allá de los tópicos
Los mitos suelen aparecer cuando observamos algo desde fuera.
Y es normal.
Todos construimos opiniones a partir de la información que tenemos disponible.
Pero el judo tiene una profundidad que resulta difícil de apreciar hasta que se pisa un tatami por primera vez.
Detrás de las proyecciones hay técnica.
Detrás de la competición hay aprendizaje.
Detrás del esfuerzo físico hay una filosofía de mejora constante.
Y detrás de cada entrenamiento hay personas que siguen intentando aprender algo nuevo.
Quizá por eso el judo lleva acompañando a millones de personas durante generaciones.
Porque cuando empiezas a conocerlo de verdad, descubres que es mucho más de lo que parecía desde fuera.