Cuando pensamos en entrenar judo, lo primero que nos viene a la cabeza suele ser el trabajo físico. Uchi-komi, nage-komi, randori, preparación física, movilidad… La mayor parte de nuestro tiempo como judokas la dedicamos a preparar el cuerpo para responder mejor sobre el tatami.

Sin embargo, hay una herramienta que muchos deportistas utilizan desde hace años y que, curiosamente, sigue siendo una gran desconocida para muchos practicantes de judo: la visualización.

No hablo de nada mágico ni de pensar que las cosas ocurrirán simplemente porque las imaginemos. Hablo de entrenar la mente para que, cuando llegue el momento de actuar, encuentre un camino más familiar.

Hace tiempo vi un vídeo que me llamó mucho la atención. En una competición de gimnasia, los padres de una de las participantes estaban sentados en la grada siguiendo el ejercicio de su hija. Lo curioso es que movían el cuerpo al mismo tiempo que ella. Sin darse cuenta, estaban recorriendo mentalmente cada movimiento, anticipando cada giro y cada salto.

Aquella escena me hizo pensar en algo que todos hacemos en mayor o menor medida. Cuando algo nos importa, tendemos a imaginarlo antes de que ocurra. Lo hacemos antes de una entrevista de trabajo, antes de una presentación importante y también antes de una competición.

La diferencia está en si utilizamos esa capacidad de forma consciente o la dejamos actuar por su cuenta.

La mente también entrena

La visualización consiste, en esencia, en imaginar una acción antes de ejecutarla. No es algo exclusivo del judo. Se utiliza en deportes de combate, en deportes individuales e incluso en disciplinas tan distintas como la música o la cirugía.

La idea es sencilla: cuanto más familiar resulte una situación para nuestra mente, menos incertidumbre generará cuando llegue el momento de afrontarla.

En judo esto puede ser especialmente útil. Antes de una competición, de un examen de grado o incluso de un entrenamiento importante, es habitual que aparezcan dudas y nervios. La mente empieza a plantear escenarios posibles, algunos razonables y otros completamente exagerados.

La visualización nos permite dirigir ese proceso.

En lugar de imaginar todo lo que podría salir mal, podemos centrar nuestra atención en aquello que queremos hacer y en cómo queremos hacerlo.

No elimina los nervios. Tampoco garantiza el resultado. Pero ayuda a llegar al tatami con una sensación diferente.

Más calma.

Más claridad.

Más confianza.

No visualices la victoria, visualiza el proceso

Creo que aquí está una de las claves más importantes.

Cuando se habla de visualización, muchas personas piensan en imaginarse ganando un combate o levantando una medalla. Sin embargo, esa no suele ser la parte más útil del ejercicio.

Lo verdaderamente interesante es visualizar el proceso.

Imaginar el agarre.

La postura.

La distancia.

El desplazamiento.

La entrada de la técnica.

La sensación de equilibrio.

La continuidad del movimiento.

Si, por ejemplo, estás trabajando un seoi nage, no se trata de imaginar el ippon final. Se trata de recorrer mentalmente cada una de las fases que permiten que esa técnica funcione.

Cómo colocas las manos.

Cómo generas el desequilibrio.

Cómo entras.

Cómo giras.

Cómo mantienes el control hasta el final.

Cuanto más detallada sea esa imagen mental, más familiar resultará después cuando llegue el momento de ejecutarla de verdad.

Cuatro ventajas de la visualización en judo

1. Reduce la incertidumbre

Una de las principales fuentes de nervios antes de competir es la sensación de enfrentarse a algo desconocido.

La visualización ayuda a disminuir esa incertidumbre. Aunque la situación real nunca será exactamente igual a la imaginada, la mente ya ha recorrido parte del camino.

Y eso suele traducirse en una mayor sensación de control.

2. Mejora la confianza

La confianza no aparece por arte de magia.

Se construye.

Y una parte importante de esa construcción consiste en recordar todo el trabajo que ya hemos realizado.

Visualizar una técnica que hemos entrenado cientos de veces es una forma de reforzar esa confianza.

Nos recuerda que estamos preparados para intentarlo.

3. Favorece la concentración

Cuando llegamos al tatami con una idea clara de lo que queremos hacer, resulta más fácil mantener el foco.

La visualización actúa como una especie de brújula mental. Nos ayuda a dirigir la atención hacia aquello que realmente importa y a reducir el ruido que generan los nervios o las distracciones.

4. Permite actuar con mayor fluidez

Muchas veces los bloqueos aparecen porque pensamos demasiado.

Queremos controlar cada detalle.

Analizamos cada movimiento.

Dudamos.

Y cuando dudamos, solemos llegar tarde.

Visualizar previamente ayuda a que determinadas respuestas resulten más naturales. No porque la técnica aparezca sola, sino porque la mente ya ha recorrido ese camino con anterioridad.

Mushin, Zanshin y la mente preparada

En la filosofía japonesa existen conceptos que encajan muy bien con esta idea.

Uno de ellos es Mushin, que suele traducirse como «mente vacía». No significa dejar de pensar por completo, sino actuar sin quedar atrapado por pensamientos innecesarios.

Otro es Zanshin, un estado de atención serena y continua.

Ambos conceptos apuntan en una dirección parecida: la importancia de mantener una mente tranquila y preparada.

La visualización puede ayudarnos precisamente a eso.

No sustituye la experiencia ni el entrenamiento, pero facilita que lleguemos al combate en un estado mental más equilibrado.

Y cuando la mente está más tranquila, el cuerpo suele responder mejor.

La visualización no sustituye al entrenamiento

Quizá esta sea la idea más importante de todo el artículo.

Visualizar no reemplaza los uchi-komi.

No reemplaza los randori.

No reemplaza las horas de práctica.

Sin entrenamiento no hay técnica que visualizar.

Pero también creo que ocurre lo contrario.

Cuando solo entrenamos el cuerpo y olvidamos la parte mental, estamos dejando una pieza importante fuera de la ecuación.

El judo siempre ha sido una combinación de preparación física, técnica y mental. Cuando esas tres partes trabajan juntas, todo suele encajar mejor.

Por eso me gustaría proponerte algo sencillo.

La próxima vez que tengas una competición, un examen o incluso un entrenamiento importante, dedica un par de minutos a visualizar.

No pienses en el resultado.

No imagines la medalla.

No imagines el marcador.

Imagina el proceso.

La técnica que quieres ejecutar.

La actitud con la que quieres subir al tatami.

La calma con la que quieres afrontar el combate.

Quizá las cosas no salgan exactamente como las has imaginado.

Eso forma parte del judo.

Pero estoy convencido de que subirás al tatami con una sensación diferente. Y, muchas veces, esa pequeña diferencia es suficiente para cambiar por completo nuestra forma de competir.

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