Si practicas judo desde hace tiempo, probablemente ya te habrás dado cuenta de una cosa: cometer errores forma parte del entrenamiento.

De hecho, diría que es imposible progresar sin equivocarse. Todos hemos ejecutado una técnica demasiado pronto, hemos tirado más de fuerza que de técnica o hemos terminado un entrenamiento pensando: «Hoy no me ha salido nada». Y eso es completamente normal.

El problema no son los errores. El problema aparece cuando los repetimos una y otra vez sin detenernos a entender qué está ocurriendo.

Una de las cosas que más me gusta del judo es que no castiga el error. Lo utiliza como herramienta de aprendizaje. Cada fallo contiene información valiosa si estamos dispuestos a observarlo con honestidad.

Con los años he visto algunos errores repetirse constantemente, tanto en principiantes como en judokas con experiencia. Yo mismo he cometido todos los que aparecen en esta lista. Por eso hoy quiero compartir cinco de los más habituales y algunas ideas para evitar que frenen tu progreso.

1. Querer avanzar demasiado rápido

Vivimos en una época en la que queremos resultados inmediatos. Queremos aprender una técnica en una semana, mejorar nuestro randori en un mes y sentirnos cómodos compitiendo cuanto antes.

El problema es que el judo no funciona así.

Las bases requieren tiempo. Mucho más tiempo del que solemos imaginar cuando empezamos. Aprender un movimiento no consiste únicamente en memorizarlo. Hay que repetirlo cientos o miles de veces hasta que el cuerpo lo incorpora de forma natural.

Recuerdo que durante mis primeros años de práctica siempre estaba pendiente de aprender técnicas nuevas. Pensaba que progresar significaba ampliar mi repertorio. Con el tiempo entendí que los judokas que más admiraba no destacaban por conocer más técnicas, sino por dominar extraordinariamente bien unas pocas.

Cuando intentamos correr antes de caminar solemos construir sobre cimientos débiles. Y tarde o temprano eso termina pasando factura.

La mejor forma de evitar este error es sencilla: céntrate en hacer mejor las cosas, no en hacer más cosas. La velocidad llegará sola cuando la técnica sea sólida.

2. Entrenar con ego

Este es probablemente uno de los errores más difíciles de reconocer porque casi nunca pensamos que nos está ocurriendo.

El ego aparece cuando sentimos que tenemos algo que demostrar. Cuando nos preocupa más ganar un randori que aprender de él. Cuando evitamos entrenar con ciertos compañeros porque no queremos quedar en evidencia. O cuando creemos que ya sabemos suficiente y dejamos de escuchar.

Lo curioso es que el ego afecta tanto a principiantes como a cinturones avanzados. Simplemente adopta formas diferentes.

En la tradición japonesa existe un concepto llamado Shoshin, que suele traducirse como «mente de principiante». Se refiere a la capacidad de mantener la curiosidad y la humildad incluso cuando acumulamos experiencia.

Creo que es una idea especialmente valiosa en judo. Porque cada entrenamiento puede enseñarnos algo nuevo si estamos dispuestos a aprender.

Después de muchos años en el tatami, sigo convencido de que cada compañero tiene algo que enseñarme. A veces es una técnica. Otras veces una actitud. Y en ocasiones una debilidad propia que todavía no había detectado.

Cada tatami es nuevo, incluso para un cinturón negro.

3. Ignorar las señales del cuerpo

Durante mucho tiempo confundí resistencia con inteligencia.

Pensaba que entrenar siempre más duro era la mejor forma de mejorar. Que descansar era una señal de debilidad. Y que si algo dolía, bastaba con aguantar un poco más.

Con los años descubrí que el cuerpo tiene una forma muy eficaz de recordarnos cuándo nos estamos equivocando.

Especialmente a medida que cumplimos años, aprender a escuchar esas señales se vuelve fundamental. Hay una gran diferencia entre el esfuerzo normal del entrenamiento y el dolor que nos está avisando de un problema.

No siempre progresa más quien entrena más horas. Muchas veces progresa más quien sabe cuándo acelerar y cuándo reducir la intensidad.

Descansar también forma parte del entrenamiento. Recuperarse también es entrenar.

Y cuanto antes entendamos eso, más posibilidades tendremos de seguir disfrutando del judo durante muchos años.

4. Entrenar únicamente para ganar

Es una trampa en la que resulta muy fácil caer.

Todos disfrutamos cuando una técnica sale bien. Todos queremos proyectar más y ser proyectados menos. Forma parte de la naturaleza competitiva del judo.

Pero cuando el único objetivo pasa a ser ganar, algo importante se pierde por el camino.

He visto judokas evitar técnicas nuevas porque no les salían bien. También he visto personas aferrarse siempre a los mismos movimientos porque les daban resultados inmediatos. A corto plazo puede parecer una estrategia eficaz. A largo plazo suele limitar mucho el desarrollo.

El entrenamiento no debería consistir únicamente en demostrar lo que ya sabemos hacer. También debería ser un espacio para explorar aquello que todavía no dominamos.

Algunas de las lecciones más valiosas que he aprendido en judo llegaron después de un mal entrenamiento o de una derrota. En esos momentos es cuando aparecen con más claridad las áreas que necesitan trabajo.

Por eso intento recordar algo cada vez que piso el tatami: aprender es más importante que vencer.

5. Olvidar el respeto y la actitud

A veces pensamos en el respeto como una formalidad. Un saludo al principio y al final de la clase. Una tradición heredada de Japón.

Pero creo que el respeto ocupa un lugar mucho más profundo dentro del judo.

El saludo nos recuerda que estamos allí gracias a otras personas. Gracias a los compañeros que entrenan con nosotros, a los profesores que comparten su conocimiento y a todos los que han contribuido a construir este camino antes que nosotros.

Cuando la frustración aparece, cuando las cosas no salen o cuando sentimos que avanzamos más despacio de lo que nos gustaría, es fácil perder de vista esa perspectiva.

Sin embargo, muchas veces la diferencia entre un buen judoka y un gran judoka no está en la técnica. Está en la actitud con la que afronta cada entrenamiento.

El judo empieza y termina con rei. Y creo que eso no es casualidad.

El error no es el enemigo

Después de años entrenando, cada vez estoy más convencido de que el objetivo del judo no es eliminar los errores.

Eso sería imposible.

El verdadero objetivo consiste en aprender de ellos.

Porque cada error nos muestra algo que todavía podemos mejorar. Nos obliga a observar con más atención. Nos recuerda que el aprendizaje nunca termina.

Quizá por eso sigo encontrando algo nuevo cada vez que me pongo el judogi.

Y quizá esa sea una de las mayores enseñanzas del judo: no importa cuántas veces te equivoques. Lo importante es mantener la actitud de seguir aprendiendo.

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